martes, 14 de octubre de 2014

Encuesta : Quién esta rubia?

Quién es esta rubia?
La respuesta a la interrogante se dará el día 15/10/2014 junto a 13 fotos más de esta exuberante mujer.


Resultados de la encuesta al 100%
Susy Diaz          45 votos
Mirella Méndez  60 votos
Lily Da Silva      35 votos

Y la rubia es...

domingo, 5 de octubre de 2014

Ludwika Paleta posa sin inhibiciones para la revista Soho

La actriz de telenovelas Ludwika Paleta protagonizó una sensual sesión de fotos para la edición de octubre de la revista SoHo México.
En las imágenes, la artista que encarnó a María Joaquina en Carrusel luce lencería de encaje y transparencias, en tonos negros y algunas prendas en color blanco, acompañadas de accesorios dorados.
Esta es la primera vez que Paleta —quien lleva un año de casada con Emiliano Salinas— posa en lencería para una publicación. En la entrevista con SoHo, comentó que espera trabajar pronto en un musical. 


viernes, 3 de octubre de 2014

Las ‘fotos secretas’ de Irina Shayk, al descubierto

El ‘celebgate’, como se conoce el robo de fotos íntimas de famosas, es una de las noticias que centran la atención mundial desde hace unas semanas. De Kate Upton a Hope Solo, pasando por Rihanna, Jennifer Lawrence y otras muchas, la filtración de sus imágenes con alto voltaje sexual ha escandalizado las redes sociales.
Irina Shayk, por el momento y que se sepa, no ha sido víctima del robo de fotos íntimas, pero, según ha desvelado la propia revista ‘Sports Illustrated’, sí que tenía algunas fotos secretas que ha decidido sacar a la luz en su página web.
Obviamente no son tan íntimas como las del ‘celebgate’ pero también tienen su morbo. Forman parte de la sesión que la modelo rusa realizó para la revista en 2013. Durante la misma, la novia de Cristiano Ronaldo se fotografió con una Polaroid delante de un espejo. Unas imágenes muy sexies que no os podéis perder.




Milett Figueroa y sus fotos antes de ser famosa


viernes, 5 de septiembre de 2014

Cromwell Gálvez. El cajero generoso y su delito mayor: robo por fantasía - Por Juan Manuel Robles

Cromwell Gálvez

El cajero generoso y su delito mayor: robo por fantasía 

Por Juan Manuel Robles

El protagonista de esta historia hizo que me detuvieran en la cárcel. Él no lo recuerda, fue hace tiempo. La única vez que lo visité en la céntrica prisión en la que lo encerraron, Cromwell Gálvez huyó de mí y se apresuró a decir que no hablaba con la prensa. Le habían quitado la libertad pero la fama insistía en quedársele, no podía sacársela de encima ni dentro de los cuatro muros de una celda. Cromwell, el hombre que había robado un banco durante años solo para poder acostarse con las vedettes más deseables de Lima, estaba finalmente preso y las carátulas de los diarios populares seguían poniendo su fotografía junto a letras grandes multicolores. Yo había dado su nombre en la entrada del penal diciendo que era su amigo, arriesgándome a lo que a veces nos arriesgamos los reporteros: a que la persona que buscas te reciba mal. Había guardado la esperanza de que adentro podría manejar la situación portándome cortés, pero Cromwell Gálvez se mostró nerviosamente hostil y dijo que solo recibía a familiares. No fue lo único que hizo. Se quejó ante los guardias del penal y ellos le hicieron caso: me detuvieron y el castigo consistió en dejarme cuatro horas encerrado por gracioso. No hay nada que moleste más a un uniformado que un periodista que se hace pasar por otra cosa. A la hora de salida, mientras avanzaba y creía confundirme con la fila de visitantes, alguien me cogió del brazo y me dijo: usted se queda. Me condujeron a una oficina diminuta y allí empezó el interrogatorio. Mientras un efectivo de traje plomo tomaba mis declaraciones, pude ver, a través de la abertura de la puerta, la imagen del interno Cromwell Gálvez hablándole a otro oficial. Asomaban sus ademanes de queja, una expresión de hartazgo en la mirada, cierta indignación bajo el pelo grasiento. ¿Es que cualquier periodista entra aquí como si nada? El oficial hacía gesto de mea culpa. Era fácil entender que el interno tenía cierta clase de cercanía con él, cierta llegada o conexión que atenuaba la frontera típica que hay entre un preso y su celador. Años más tarde entendería que el motivo de tanta amabilidad era inocente: esos oficiales eran los mismos que, un día, le habían pedido al nuevo y simpático recluso Cromwell Gálvez que les contara eso. Eso de las vedettes.
Y Cromwell, sonriente, les había empezado a contar la historia que lo ha hecho famoso. La de las chicas. De cómo robar un banco durante cinco años sin que nadie se dé cuenta con el único móvil de inaugurar una nueva modalidad criminal: robo por fantasía. Disparar billetes como ráfagas y así preparar orgías suculentas. Un día eres un correcto empleado bancario y al día siguiente una sorpresa electrónica de cinco cifras en la pantalla de la computadora cambia tu vida. Luego tienes dinero. Lo gastas, lo prestas, ayudas a la gente, eres bueno, te quieren. Te acuestas con ellas, con todas las que imaginaste. Te diviertes como un chancho. Luego te descubren, todo se va a la mierda y sales en la prensa. En primera plana. Una historia suficientemente poderosa como para tener de qué hablar de por vida, o, al menos, para hacer nuevos amigos en cualquier parte, incluso en la cárcel donde te encierran y donde un periodista sin modales te busca en pleno domingo familiar. Cromwell le dio la mano al uniformado y subió a su celda. Los oficiales me dejaron salir del centro penitenciario recién a las nueve de la noche, dándome la cariñosa recomendación de no regresar por allí. Un fuerte ruido, el ruido universal del portón de hierro de una prisión cerrándose, fue la señal de que ya estaba en la calle. Anoté en la libreta una frase que entonces se hizo urgente: «Mientras escribo esta historia, Cromwell Gálvez se acostumbra a la cárcel». Pasarían años antes de volver a verlo.